sábado, 9 de enero de 2016

Antología lírica del Siglo de Oro




1.       
     En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;

     y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

     coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

     Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

 Garcilaso de la Vega


3.

    Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo:
vos sola lo escribisteis; yo lo leo
tan solo que aun de vos me guardo en esto.

     En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

     Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;

     cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

Garcilaso de la Vega


2.       

Mientras  por competir  con tu cabello
oro bruñido al sol relumbra en vano.
Mientras con menosprecio en medio del llano
mira tu blanca frente el lilio bello.

Mientras a cada labio, por cogerlo,
siguen más ojos que al clavel temprano.
Y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello.

Goza cuello, cabello, labio y frente
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no solo en plata o víola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo en sombra, en nada.

Góngora


4.

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

Mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido:

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Quevedo






5.

¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!
¡Poco antes, nada; y poco después, humo!
¡Y destino ambiciones y presumo
apenas punto al cerco que me cierra!

Breve combate de importuna guerra,
en mi defensa soy peligro sumo;
y mientras con mis armas me consumo,
menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.

Ya no es ayer; mañana no ha llegando;
hoy pasa, y es, y fue, con movimiento
que a la muerte me lleva despeñado.

Azadas son la hora y el momento,
que, a jornal de mi pena y mi cuidado,
cavan en mi vivir mi monumento

Quevedo

 6.

Ir y quedarse, y con quedar partirse,
Partir sin alma, ir con alma ajena,
Oír la dulce voz de una sirena
Y no poder del árbol desasirse.

Arder como la vela y consumirse,
Haciendo torres sobre tierna arena;
Caer de un cielo, y ser demonio en pena,
Y de serlo jamás arrepentirse;

Hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada sobre fe paciencia,
Y lo que es temporal llamar eterno;

Creer sospechas y negar verdades,
Es lo que llaman en el mundo ausencia,
Fuego en el alma, y en la vida infierno

Lope de Vega



 7.

¡Ay Floralba! Soñé que te... ¿dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?

Mis llamas con tu nieve y con tu hielo,
Cual suele opuestas flechas de su aljaba,
Mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
Como mi adoración en su desvelo.

Y dije: “Quiera Amor, quiera mi suerte,
Que nunca duerma yo, si estoy despierto,
Y que si duermo, que jamás despierte.”

Mas desperté del dulce desconcierto;
Y vi que estuve vivo con la muerte,
Y vi que con la vida estaba muerto.

Quevedo


8.

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir del rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor: quien lo probó lo sabe
.
.
Lope de Vega





9

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
los doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito


Poderoso caballero  es don Dinero.


Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado                      5
de continuo anda amarillo;
que pues, doblón o sencillo,
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.                              10

Nace en las Indias honrado
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España
y es en Génova enterrado;
y pues quien le trae al lado                15
es hermoso aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Es galán y es como un oro;
tiene quebrado el color,                    20
persona de gran valor,
tan cristiano como moro;
pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero                          25
es don Dinero.

Son sus padres principales,
y es de noble descendiente,
porque en las venas de oriente
todas las sangres son reales;               30
y pues es quien hace iguales
al duque y al ganadero,
poderoso caballero
 es don Dinero.


Mas ¿a quién no maravilla    35
ver en su gloria sin tasa
que es lo menos de su casa
doña Blanca de Castilla?
Pero pues da al bajo silla,
y al cobarde hace guerrero,     40
poderoso caballero
es don Dinero.

Sus escudos de armas nobles
son siempre tan principales,
que sin sus escudos reales      45
no hay escudos de armas dobles;
y pues a los mismos robles
da codicia su minero,
poderoso caballero
es don Dinero.                  50

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos,
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos;
y pues él rompe recatos        55
y ablanda al jüez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero.

Y es tanta su majestad,
aunque son sus duelos hartos,   60
que con haberle hecho cuartos,
no pierde su autoridad;
pero, pues da calidad
al noble y al pordiosero,
poderoso caballero              65
es don Dinero.


Jorge Manrique, Coplas a la muerte de su padre (selección)




I












II












III












V

Recuerde el alma dormida
avive el seso e despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida;
cómo se viene la muerte
tan callando;
Cuán presto se va el placer;
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo a nuestro parecer ,
cualquier tiempo pasado
fue mejor

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
mas que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar
que es el morir;
Allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Este mundo es el camino
para el otro que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos
andamos mientras vivimos
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos

VII












VIII












XIII





Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
Que en este mundo traidor
Aun primero que miramos
las perdemos:
de ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados
que acaecen,
de ellas, por calidad,
en los más altos estados
desfallecen.

Decidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color y la blancura,
cuando viene la vejez
¿cuál se para?
Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

Si fuese en nuestro poder
hacer la cara hermosa
corporal
como podemos hacer
el alma tan gloriosa,
angelical
¡qué diligencia tan viva
tuviéramos toda hora,
y tan presta,
en componer la cautiva,
dejándonos la señora
descompuesta!

XIV












XV












XVI














Esos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
con casos tristes, llorosas,
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados,
así los trata la Muerte
como a los pobres pastores
de ganado

Dejemos a los troyanos,
que sus males no los vimos,
ni sus glorias;
dejemos a los romanos,
aunque oímos y leímos
sus historias
no curemos de saber
lo de aquel siglo pasado
qué fue de ello:
vengamos a lo de ayer
que también es olvidado
como aquellos.

¿Qué se hizo el rey don Juan?
Los Infantes de Aragón
¿Qué se hicieron?
¿Qué fue de tanto galán.
Qué de tanta invención
Que trajeron?
¿Fueron sino devaneos,
qué fueron sino verduras
de las eras,
las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras?



XVII












XXIII


















¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados y vestidos,
sus olores?
¿Qué se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?:
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?,
¿qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes
y varonesa,
como vimos tan potentes,
di, Muerte, ¿do los escondes
y traspones?
Y las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza las aterras
 y deshaces.





XXV












XXVI












XXIX












XXXIII

Aquel de buenos abrigo
amado por virtuoso
de la gente
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
y tan valiente;
sus hechos grandes y claros
no cumple que los alabe,
pues  los vieron,
ni los quiero hacer caros
pues que el mundo todo sabe
cuáles fueron.

Amigo de sus amigos,
¡qué señor para criados
y parientes!
¡qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforzados
y valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Qué benigno a los sujetos!
¡A los bravos y dañosos,
qué león!

No dejó grandes tesoros,
ni alcanzó muchas riquezas
ni vajillas;
Mas hizo guerra a los moros,
ganando sus fortalezas
y sus villas;
y en las lides que venció,
cuántos moros y caballos
se perdieron;
y en este ofició ganó
las rentas y los vasallos
que le dieron

Después de puesta la v ida
tantas veces por su ley
al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero;
Después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la villa de Ocaña
vino la muerte a llamar
a su puerta

XXXIV












XXXV












XXXVI












XL

diciendo: - “Buen caballero,
dejad el mundo engañoso
y su halago;
Vuestro corazón de acero
muestre su esfuerzo famoso
en este trago;
Y pues de vida y salud
hicisteis tan poca cuenta
por la fama
esfuércese la virtud
para sufrir esta afrenta
 que os llama.

No se os haga tan amarga
la batalla temeros
que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama gloriosa
acá dejáis,
aunque esta vida de honor
tampoco no es  eternal
ni verdadera;
mas, con todo es mejor
que la otra temporal
perecedera.

El vivir que es perdurable
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida deleitable.
y pues vos, claro varón,
con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperanza,
que esta otra vida tercera

ganaréis.-”




Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados
dio el alma a quien se la dio
el cual la dio en el cielo
en su gloria
que aunque la vida perdió
nos dejó harto consuelo
su memoria.

De la lírica primitiva a la poesía del siglo de oro: tradición y renovación




domingo, 3 de enero de 2016

Lope de Vega

I

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.



II

Ir y quedarse, y con quedar partirse, 
partir sin alma y ir con alma ajena, 
oír la dulce voz de una sirena 
y no poder del árbol desasirse

arder como la vela y consumirse 
haciendo torres sobre tierna arena; 
caer de un cielo, y ser demonio en pena, 
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades, 
pedir pues resta sobre fe paciencia, 
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades, 
es lo que llaman en el mundo ausencia, 
fuego en el alma, y en la vida infierno.


III

Ya no quiero más bien que sólo amaros,
ni más vida, Lucinda, que ofreceros
la que me dáis, cuando merezco veros,
ni ver más luz que vuestros ojos claros.

Para vivir me basta desearos,
para ser venturoso, conoceros,
para admirar el mundo, engrandeceros,
y para ser eróstrato, abrazaros.

La pluma y lengua, respondiendo a coros,
quieren al cielo espléndido subiros,
donde están los espíritus más puros;

que entre tales riquezas y tesoros,
mis lágrimas, mis versos, mis suspiros,
de olvido y tiempo vivirán seguros.


IV

Yo dije siempre, y lo diré, y lo digo,
que es la amistad e bien mayor humano;
mas ¿qué español, qué griego, qué romano
nos ha de dar este perfecto amigo?

Alabo, reverencio, amo, bendigo
aquel a quien el cielo soberano
dio un amigo perfecto, y no es en vano;
que fue, confieso, liberal conmigo.

Tener un gran amigo y obligarle
es el último bien, y por quererle,
el alma, el bien y el mal comunicarle;

Mas yo quiero vivir sin conocerle;
que no quiero la gloria de ganarle
por no tener el miedo de perderle.


V

Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por donde he venido,
me espanto de que un hombre tan perdido
a conocer su error haya llegado.

Cuando miro los años que he pasado,
la divina razón puesta en olvido,
conozco que piedad del cielo ha sido
no haberme en tanto mal precipitado.

Entré por laberinto tan extraño,
fiando al débil hilo de la vida
el tarde conocido desengaño;

mas de tu luz mi oscuridad vencida,
el monstruo muerto de mi ciego engaño,
vuelve a la patria, la razón perdida.