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viernes, 2 de octubre de 2015

El Renacimiento

“Volver al Renacimiento y traerlo hasta nosotros – no con mentalidad arqueológica – es una exigencia apremiante de todo hombre que busca en la historia sus orígenes y su futuro. No son pocos los que ven en nuestro tiempo un clima, un desasosiego, una búsqueda y un cambio semejantes a los de los siglos XV-XVI. Hay también una crítica de la situación y de la cultura que nos rodea. Buscamos nuevos modelos y nuevas formas de sociedad (…)
El Renacimiento – cualquiera que sean sus límites históricos y sus causas y su plural originalidad – representa un proceso de cambio en la actitud humana frente al mundo y a la vida. Representa, sobre todo, el alumbramiento de un hombre nuevo. Literatos, humanistas, filósofos, hombres de ciencia, políticos e historiadores están convencidos de que ha nacido una nueva época que supone una ruptura con el mundo medieval inmediato. Y el significado de este cambio lo ven en “el renacimiento” del espíritu, de un hombre y un estilo propio de la edad clásica greco-romana.


El Renacimiento es una vuelta a la historia –que es un como volver al origen del hombre– para encontrar en ella las razones profundas del cambio (…) Los hombres del Renacimiento desencadenaron el proceso revolucionario más pacífico y transformador de la historia.”

Con estas palabras que Pedro R. Santidrian hace en el prólogo de su libro, Renacimiento y Humanismo, me gustaría comenzar las clases sobre el Renacimiento. El autor destaca dos preguntas que subyacen en la antropología renacentista: “¿Qué es el hombre? y ¿de qué es capaz?”… Creo que son dos preguntas que siempre nos hacemos al estudiar el hecho artístico (y cualquier quehacer humano).

martes, 1 de septiembre de 2015

El Humanismo

Aquí dejo otro fragmento del libro Renacimiento y Humanismo de Pedro R. Santidrian en el que da una definición del Humanismo de los siglos XV-XVI:


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“El humanismo fue un movimiento que buscaba mediante la enseñanza de las humanidades –gramática, retórica, historia, filosofía etc,- el cultivo de las facultades del hombre. El ideal educativo humanista fue el del pleno desarrollo de la personalidad (…)
Este programa de recuperación cultural de la antigüedad establece que el objetivo básico es el conocimiento del hombre y el sentido de la vida, aplicando el principio de Sócrates de “bajar la filosofía del cielo a la tierra, al hombre”. La antigüedad no está constituida por un solo hombre y maestro, sino por múltiples autores: Cicerón, Séneca, Virgilio, Horacio, Tudícides, etc. Y sobre todo Platón. En este sentido los humanistas nos dirán que ningún filósofo posee el monopolio de la verdad (…) El humanismo vuelve a las distintas escuelas morales del helenismo, sin olvidar las grandes corrientes orientales que giran en torno al pitagorismo, judaísmo, etc. El humanismo establece, finalmente, la concordia entre la cultura clásica y el cristianismo. El principio de la vuelta ad fontes “les demuestra que la enseñanza sobre el hombre, la vida y la virtud que aparece en los autores clásicos es perfectamente integrable en el cristianismo”. (José María Valverde, Historia del pensamiento)
Visto así el humanismo es un ideal, un quehacer, un método y unos principios que animan e impulsan la tarea de los llamados humanistas de los siglos XV y XVI.”
Y como muestra de algunos textos humanistas del momento, recomiendo la lectura de las cartas de Erasmo a Juan de Valdés.

El género epistolar fue muy cultivado en esta época, como manifestación no sólo de erudición, sino también de cercanía amigable entre los intelectuales. Selecciono la correspondencia con Juan de Valdés por ser una de las figuras del humanismo español, junto con Luís Vives y Antonio de Nebrija. Entre los otros humanistas españoles destacan todos nuestros autores clásicos del Siglo de Oro.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Hablaba y hablaba y hablaba y hablaba...

A mis alumnos de 2º ESO B, en especial a Raúl, con todo mi cariño...


HABLABA Y HABLABA...
Max Aub (París –España, 1903-1972)


"Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro."


Max Aub


Os dejo este proverbio hindú por si aprendemos de él:

"Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio."

domingo, 2 de octubre de 2011

En defensa del lenguaje

Para aquellos que preguntan cada año para qué sirve estudiar "lengua" os dejo aquí algunos textos de Pedro Salinas de su libro El defensor que, aparte de contestar a la pregunta, os pueden servir para preparar el próximo examen de comentario:

Poder de la palabra


Parece ser que al hombre le preocupa su lengua. ¿Por qué será? ¿Por pura curiosidad intelectual, por urgencia desinteresada de su mente? No lo creo.

Le preocupa por una motivación profundamente vital. Le preocupa porque se ha dado cuenta del poder fabuloso, y en cierto modo misterioso, contenido en esas leves celdillas sonoras de la palabra. Porque las palabras, las más grandes y significativas, encierran en sí una fuerza de expansión, una potencia irradiadora, de mayor alcance que la fuerza física inclusa en la bomba, en la granada. Por ejemplo, cuando los revolucionarios franceses lanzaron desde lo alto de las ruinas de La Bastilla al mundo entero su lema trino «libertad, igualdad, fraternidad», esos tres vocablos provocaron, no en París, no en Francia, no en Europa, sino en el mundo entero, una deflagración tal en las capas de aire de la historia, que desde entonces millones de hombres vivieron o murieron, por ellos o contra ellos; y ellos siguen haciendo vivir o morir hoy día.

Ha percibido el hombre moderno, quizá un poco tarde, acaso todavía a tiempo, que las palabras poseen doble potencia: una letal y otra vivificante. Un secreto poder de muerte, parejo con otro poder de vida; que contienen, inseparables, dos realidades contrarias: la verdad y la mentira, y por eso ofrecen a los hombres lo mismo la ocasión de engañar que la de aclarar, igual la capacidad de confundir y extraviar que la de iluminar y encaminar. En la materia amorfa de los vocablos se libra, como en todo el vasto campo de la naturaleza humana, la lucha entre los dos principios, el del bien y el mal.

Acaso sienten hoy muchos hombres que se les ha empujado al margen del derrumbadero en que hoy está el mundo por el uso vicioso de las palabras, por las falacias deliberadas de los políticos que envolvían designios viles en palabras nobles. La palabra es luz, sí. Luz que alguien en el aire oscuro lleva. El hombre conoce la facultad guiadora de la luz, se va tras ella. ¿Adónde llega? Adonde quiera la voluntad del hombre que empuña el farol. Porque siguiendo esa luz, igualmente podemos arribar a lugar salvo que a la muerte. Todo depende de la recta o torcida intención del que la maneja. Ojalá sea cierto que las gentes han descubierto ya, ¡y a qué coste!, que las palabras, oídas sin discernimiento, comprendidas a medias, vistas solo por un lado, se les atrae a la muerte, como atrae al pájaro, por el diestro manejo del espejuelo, el cazador. Porque si así fuera el hombre contemporáneo se decidiría ya de una vez a cobrar plena conciencia de su idioma, a conocerle en sus tondos y delicadezas, para, de ese modo, prevenirse contra los embaucadores de mayor o menor cuantía que deseen prevalerse de su inconsciencia idiomática para empujarles a la acción errónea.

La palabra y la paz.


La lengua posee un valor incomparable para la vida del ser humano y para los fines de una sociedad pacífica y fecunda. No hay duda de que en la palabra cordial e inteligente tiene la violencia su peor enemigo. ¿Qué es el refrán español de “hablando se entiende la gente” sino una invitación a resolver por medio de la palabra los antagonismos?

Las instituciones creadas para que los asuntos públicos sean regidos por el consenso de muchos, y no por voluntad de uno, se llaman desde la Edad Media parlamentos, lugar donde se habla. Para solicitar la suspensión de la lucha, se envía un parlamentario. Se ha advertido que el dictador más conspicuo de la Historia, el Canciller Hitler, desmesura el lenguaje humano y, sacándolo del noble tono de la elocución normal, lo lleva al rugido, al grito histérico y a los efectos fonéticos animales.

Cabe la esperanza de que cuando los hombres hablen mejor, mejor se sentirán en compañía, se entenderán más delicadamente. La lengua es siempre una potencia vinculadora, pero su energía vinculadora está en razón directa de lo bien que se hable, de la capacidad del hablante para poner en palabras propias su pensamiento y sus afectos. Solo cuando se agota la esperanza en el poder suasorio del habla, en su fuerza de convencimiento, rebrillan las armas y se inicia la violencia.