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sábado, 15 de diciembre de 2018

Comentario de las figuras retóricas


EGLOGA I


8


¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.

Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,
y de mí mismo yo me avergüenzo ahora.

¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir un hora?

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

(Garcilaso de la Vega)


• Comentario sobre las figuras retóricas.

El tema del poema es la tristeza que siente Salicio por la frialdad y abandono de Galatea.

Para transmitirnos estos sentimientos, el poeta utiliza una serie de figuras retóricas.

Destacan en primer lugar las metáforas que utiliza para la descripción de los dos amantes: Galatea es dura como el mármol (v.1) y fría como la nieve (v. 3). El autor no contento con estos adjetivos utiliza una hipérbole a través de los superlativos de dichos adjetivos: “más”. Salicio es descrito como fuego encendido (v. 2) que es una metáfora de la pasión amorosa que siente hacia ella. Además, ambos elementos descritos, Salicio y Galatea, se nos presentan a través de la antítesis de los opuestos “fuego”/”hielo” (vv. 2-3),  "morir"/"vivir" (v.4), manifestando ya desde el principio del poema la imposibilidad de estar juntos.

Tras la descripción de la situación amorosa, el autor nos demuestra su estado de ánimo “desamparado” (v.9) y “avergonzado” (v.7).

El poema acaba con una interrogación retórica, como si el preguntar fuera más suave que la afirmación, donde se nos habla del abandono de Galatea: “de una alma te desdeñas ser señora” (v. 11).


¡Ánimo! A escribir se aprende escribiendo. Seguid practicando y dejadme los comentarios qe queráis.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Poesía del Siglo de Oro

Aquí os dejo dos enlaces: un comentario al soneto XXIII de Garcilaso y un soneto de Quevedo. Podéis sacar algunas ideas, como complemento a los apuntes de clase, para redactar los comentarios.

No es necesario que lo elaboréis igual. Recordad que hay tantos modos de comentar y redactar como alumnos hay en clase. Lo importante es que en la redacción haya unidad y coherencia, no sólo una enumeración de aspectos que aparecen en el poema. Recordad los consejos que tantas veces hemos repetido en clase.

Suerte y ¡a escribir!


lunes, 11 de enero de 2016

Sonetos, Garcilaso de la Vega

Soneto I


Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por do me ha traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;

mas cuando del camino estó olvidado,
a tanto mal no sé por dó he venido;
sé que me acabo, y más he yo sentido
ver acabar conmigo mi cuidado.

Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme,
si ella quisiere, y aun sabrá quererlo;

que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacerlo?


Soneto V

Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribistes, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.


En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.


Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;


cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.


Soneto X

¡Oh dulces prendas por mí mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas.


¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíais de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?


Pues en un hora junto me llevastes
todo el bien que por término me distes,
llevadme junto al mal que me dejastes.


Si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes, porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.


Soneto XV

Si quejas y lamentos pueden tanto, 
que enfrenaron el curso de los ríos, 
y en los diversos montes y sombríos 
los árboles movieron con su canto; 

si convertieron a escuchar su llanto 
los fieros tigres, y peñascos fríos; 
si, en fin, con menos casos que los míos 
bajaron a los reinos del espanto, 

¿por qué no ablandará mi trabajosa 
vida, en miseria y lágrimas pasada, 
un corazón conmigo endurecido? 

Con más piedad debría ser escuchada 
la voz del que se llora por perdido 
que la del que perdió y llora otra cosa.

  
Soneto XXIII

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;


y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco enhiesto
el viento mueve, esparce y desordena;


coged de vuestra alegre Primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.



Marchitará la rosa el viento helado;
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.



sábado, 9 de enero de 2016

Garcilaso de la Vega. Églogas (selección)



Fragmento de la Egloga I

El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de cantar, sus quejas imitando;

SALICIO

5
    ¡Oh más dura que mármol a mis quejas
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!
Estoy muriendo, y aun la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay sin ti el vivir para qué sea.
           Vergüenza he que me vea
           ninguno en tal estado,
           de ti desamparado,
y de mí mismo yo me avergüenzo ahora.
¿De un alma te desdeñas ser señora
donde siempre moraste, no pudiendo
           de ella salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.




8

   Por ti el silencio de la selva umbrosa,
por ti la esquividad y apartamiento
del solitario monte me agradaba;
por ti la verde hierba, el fresco viento,
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
           ¡Ay, cuánto me engañaba!
           ¡Ay, cuán diferente era
           y cuán de otra manera
lo que en tu falso pecho se escondía!
Bien claro con su voz me lo decía
la siniestra corneja, repitiendo
           la desventura mía.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo
7    
Y tú, de esta mi vida ya olvidada,
sin mostrar un pequeño sentimiento
de que por ti Salicio triste muera,
dejas llevar, desconocida, al viento
el amor y la fe que ser guardada
eternamente solo a mí debiera.
           ¡Oh Dios!, ¿por qué siquiera,
           pues ves desde tu altura
           esta falsa perjura
causar la muerte de un estrecho amigo,
no recibe del cielo algún castigo?
Si en pago del amor yo estoy muriendo,
           ¿qué hará el enemigo?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.7
10

     Tu dulce habla ¿quién la escuchará?
Tus claros ojos, ¿a quién los volviste?
¿Por quién tan sin respeto me cambiaste?
Tu quebrantada fe, ¿dónde la pusiste?
¿Cuál es el cuello que como en cadena
de tus hermosos brazos anudaste?
           No hay corazón que baste,
           aunque fuese de piedra,
           viendo mi amada hiedra
de mí arrancada, en otro muro asida,
y mi planta en otro olmo entretejida,
que no se esté con llanto deshaciendo
           hasta acabar la vida.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.



11
Con mi llorar las piedras enternecen
su natural dureza y la quebrantan;
los árboles parece que se inclinan;
las aves que me escuchan, cuando cantan,
con diferente voz se condolecen
y mi morir cantando me adivinan;
           las fieras que reclinan
           su cuerpo fatigado
           dejan el sosegado
sueño por escuchar mi llanto triste.
Tú sola contra mí te endureciste,
los ojos aun siquiera no volviendo
           a los que tú hiciste
salir, sin duelo, lágrimas corriendo


    NEMOROSO
18

     Corrientes aguas puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
           yo me vi tan ajeno
           del grave mal que siento,
           que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría
           por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegría.

20

     ¿Dónde están ahora aquellos claros ojos
que llevaban tras sí, como colgada,
mi alma, dondequiera que ellos se volvían?
¿Dónde está la blanca mano delicada,
llena de vencimientos y despojos,
que de mí mis sentidos le ofrecían?
           Los cabellos que veían
           con gran desprecio al oro
           como a menor tesoro
¿adónde están, adónde el blanco pecho?
¿Dónde la columna que el dorado techo
con proporción graciosa sostenía?
Esto todo ahora ya se encierra,
           por desventura mía,
en la oscura, desierta y dura tierra.

19

Y en este mismo valle, donde ahora
me entristezco y me canso en el reposo,
estuve ya contento y descansado,
¡Oh bien caduco, vano y presuroso!
Me acuerdo, durmiendo aquí en otro tiempo,
que, despertando, a Elisa vi a mi lado.
           ¡Oh miserable hado!
           ¡Oh tela delicada,
           antes de tiempo dada
a los agudos filos de la muerte!
Más conveniente fuera esta suerte
a los cansados años de mi vida,
           que es más que el hierro fuerte,
pues no la ha quebrantado tu partida.
22
     Divina Elisa, pues ahora el cielo
con inmortales pies pisas y mides,
y su mudanza ves, estando queda,
¿por qué de mí te olvidas y no pides
que se apresure el tiempo en que este velo
rompa del cuerpo y verme libre pueda,
           y en la tercera rueda,
           contigo de la mano,
           busquemos otro llano,
busquemos otros montes y otros ríos,
otros valles floridos y sombríos
donde descanse y siempre pueda verte
           ante los ojos míos,
sin miedo y sobresalto de perderte?


Nunca pusieran fin al triste lloro
los pastores, ni fueran acabadas
las canciones que solo el monte oía,
si mirando las nubes coloradas,
al tramontar del sol orladas de oro,
no vieran que era ya pasado el día...


Comienzo de la Egloga  III
Aquella voluntad honesta y pura,
ilustre y hermosísima María,
que en mí de celebrar  tu hermosura,
tu ingenio y  tu valor solía,
a despecho y pesar de la ventura
que por otro camino me desvía,
está y estará en mí tanto clavada
cuanto del cuerpo el alma acompañada.

E incluso me imagino que no me toca
este oficio solamente en vida;
mas con la lengua muerta y fría en la boca,
pienso mover la voz a ti debida.
Libre mi alma de su estrecha roca,
por el estigio lago conducida,
celebrándote irá, y aquel sonido
hará parar las aguas del olvido.

Antología lírica del Siglo de Oro




1.       
     En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;

     y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

     coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

     Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

 Garcilaso de la Vega


3.

    Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo:
vos sola lo escribisteis; yo lo leo
tan solo que aun de vos me guardo en esto.

     En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

     Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;

     cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

Garcilaso de la Vega


2.       

Mientras  por competir  con tu cabello
oro bruñido al sol relumbra en vano.
Mientras con menosprecio en medio del llano
mira tu blanca frente el lilio bello.

Mientras a cada labio, por cogerlo,
siguen más ojos que al clavel temprano.
Y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello.

Goza cuello, cabello, labio y frente
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no solo en plata o víola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo en sombra, en nada.

Góngora


4.

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

Mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido:

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Quevedo






5.

¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!
¡Poco antes, nada; y poco después, humo!
¡Y destino ambiciones y presumo
apenas punto al cerco que me cierra!

Breve combate de importuna guerra,
en mi defensa soy peligro sumo;
y mientras con mis armas me consumo,
menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.

Ya no es ayer; mañana no ha llegando;
hoy pasa, y es, y fue, con movimiento
que a la muerte me lleva despeñado.

Azadas son la hora y el momento,
que, a jornal de mi pena y mi cuidado,
cavan en mi vivir mi monumento

Quevedo

 6.

Ir y quedarse, y con quedar partirse,
Partir sin alma, ir con alma ajena,
Oír la dulce voz de una sirena
Y no poder del árbol desasirse.

Arder como la vela y consumirse,
Haciendo torres sobre tierna arena;
Caer de un cielo, y ser demonio en pena,
Y de serlo jamás arrepentirse;

Hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada sobre fe paciencia,
Y lo que es temporal llamar eterno;

Creer sospechas y negar verdades,
Es lo que llaman en el mundo ausencia,
Fuego en el alma, y en la vida infierno

Lope de Vega



 7.

¡Ay Floralba! Soñé que te... ¿dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?

Mis llamas con tu nieve y con tu hielo,
Cual suele opuestas flechas de su aljaba,
Mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
Como mi adoración en su desvelo.

Y dije: “Quiera Amor, quiera mi suerte,
Que nunca duerma yo, si estoy despierto,
Y que si duermo, que jamás despierte.”

Mas desperté del dulce desconcierto;
Y vi que estuve vivo con la muerte,
Y vi que con la vida estaba muerto.

Quevedo


8.

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir del rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor: quien lo probó lo sabe
.
.
Lope de Vega





9

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
los doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito


Poderoso caballero  es don Dinero.


Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado                      5
de continuo anda amarillo;
que pues, doblón o sencillo,
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.                              10

Nace en las Indias honrado
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España
y es en Génova enterrado;
y pues quien le trae al lado                15
es hermoso aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Es galán y es como un oro;
tiene quebrado el color,                    20
persona de gran valor,
tan cristiano como moro;
pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero                          25
es don Dinero.

Son sus padres principales,
y es de noble descendiente,
porque en las venas de oriente
todas las sangres son reales;               30
y pues es quien hace iguales
al duque y al ganadero,
poderoso caballero
 es don Dinero.


Mas ¿a quién no maravilla    35
ver en su gloria sin tasa
que es lo menos de su casa
doña Blanca de Castilla?
Pero pues da al bajo silla,
y al cobarde hace guerrero,     40
poderoso caballero
es don Dinero.

Sus escudos de armas nobles
son siempre tan principales,
que sin sus escudos reales      45
no hay escudos de armas dobles;
y pues a los mismos robles
da codicia su minero,
poderoso caballero
es don Dinero.                  50

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos,
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos;
y pues él rompe recatos        55
y ablanda al jüez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero.

Y es tanta su majestad,
aunque son sus duelos hartos,   60
que con haberle hecho cuartos,
no pierde su autoridad;
pero, pues da calidad
al noble y al pordiosero,
poderoso caballero              65
es don Dinero.